El Thermopolium

Autor Dennis Jarvis Creative Commons

Introducción

El estar bañados por el Mediterráneo y tener uno de los climas más benevolentes del mundo sin duda ha facilitado la interacción entre los miembros de nuestra sociedad, estaremos todos de acuerdo que no es lo mismo vivir en un país frío donde las relaciones personales están limitadas al ámbito doméstico y a unos cuantos reductos familiares que gozar de los beneficios de un tiempo que invita a salir y a relacionarse con tus vecinos o amigos. Esa manera de sociabilizar ha ido moldeando nuestro carácter común y es fácilmente apreciable cuando visitas cualquier país del Sur de Europa repleto de bares, restaurantes al aire libre y actividades callejeras, es una forma de entender la vida. 
Por supuesto Roma no fue ajena a este hecho y culturalmente fue una sociedad con una mirada hacia el exterior, ruidosa, caótica y abierta. Otro de los aspectos que de alguna manera también intervinieron en esa necesidad de vivir la calle fue que la gran mayoría de la población romana vivía hacinada en ínsulas o edificios de apartamentos con habitáculos reducidos, por lo que muchos de ellos no disponían de cocina ni de baño haciendo necesario salir constantemente para saciar las necesidades más básicas y primarias. El thermopolium es uno de esos elementos que permiten analizar cómo vivía la sociedad romana y cuáles eran sus gustos y costumbres recurrentes.
 

¿Qué eran?

La propia etimología de la palabra nos da la información pues la traducción seria "vender caliente". Así pues cuando entremos en cualquier thermopolio de los centenares que inundan las provincias romanas, estaremos dentro de un bar de comida preparada. Sí, querido lector, si has tenido la oportunidad de ir a Italia sabrás que es fácil hallar pequeñas tiendas con mostradores que te sirven pizza y una bebida a precio moderado y eso es precisamente lo que hacían los antiguos romanos, ofrecer un refrigerio rápido por unas cuantas monedas. 
 
Autor Mentnafunangann Creative Commons
Sabemos mucho sobre esta clase de establecimientos gracias a yacimientos tan importantes como los de Ostia, Pompeya o Herculano. Lo primero que nos llama la atención es la gran proliferación de estos comercios en las vías principales, se cuentan por decenas, lo que nos da una idea de la cantidad de usuarios que usaban su servicio de restauración diaria. La gran mayoría de clientes se corresponderían con hombres de recursos reducidos que hallaban en estos lugares tres de las cosas que más les fascinaban: bebida, mujeres y juego.
Mayoritariamente estos lugares permitían en el invierno que sus clientes gozaran de una bebida caliente y algo para comer, normalmente tomado de pie o en la calle pero cabe destacar que en algunos de estos locales se han hallado salas anexas donde se colocaban mesas con taburetes para poder tomarlo in situ así como accesos a pisos superiores para poder gozar de la compañía de alguna prostituta que apaciguara sus pasiones. 
 
Autor Sailko Creative Commons
 
Reconocer los thermopolia es fácil pues la gran mayoría coinciden en sus elementos decorativos y funcionales. Los propietarios construían un mostrador en L de mampostería recubierta por una pátina decorada con pinturas o por losas de mármol, en este se encastaban las dolias que como sabéis son esas grandes vasijas de barro que se usaban para almacenar. Las dolias tenían una tapa de madera que quedaban sobre la repisa y que permitían al vendedor proteger la comida de su interior de insectos y suciedad. No obstante, pensad que esas dolias estaban fijas por lo que debían ser un nido de gérmenes y de bacterias, no quiero pensar en cada cuanto se aseaban esos recipientes. 
La gran mayoría de ellos disponían a su vez de repisas en forma de escalera o de mostradores para platos, vasijas, copas y también servían para mostrar las jarras de vino con los tipos de caldos que se servían, también es posible saber el tipo de bebidas que se vendían pues se han localizado pinturas publicitarias en los muros exteriores e interiores.
 
 
Durante muchos siglos la Administración Pública intentó regular el uso y disfrute de estos establecimientos que dieron más de un dolor de cabeza a sus gobernantes, entre otras cosas porque a pesar de las muchas prohibiciones los ciudadanos conseguían en la clandestinidad usarlos para el juego, las apuestas, reunirse para idear rebeliones o para convertirlas en espacios de peleas que generaba un consumo desmedido de alcohol. Asimismo la calidad de los productos que se vendían y su estado también fue motivo para que se sancionara a algunos dueños, tenemos conocimiento de la ley que prohibía la venta de carne durante el imperio de Claudio debido al origen dudoso de la materia prima que en ocasiones provenía de las venationes que se celebraban en el Circo. 
 

¿Qué vendían?

Como ya hemos comentado los romanos bebían principalmente una clase de vino reducido con agua, durante el verano ese agua estaba fría y en invierno el vino se rebajaba con una porción de agua caliente que se añadía para hacerlo más liviano. Pero ¿qué comían? Sabemos que los termopolios disponían de unos hornos portátiles donde cocinaban algunos platos calientes pero las dolias principalmente contenían frutos, legumbres, pescados en salazón, garum, frutos secos y hortalizas, paralelamente se complementaban con la venta de queso y aceitunas. 
 
Estimado lector, no creas que su forma de vida difiere tanto de la nuestra pues podemos hallar paralelismos en muchos aspectos sociales y de interacción humana que no dejan de sorprendernos. Cuando en algún momento os acerquéis a los bares de vuestros pueblos y ciudades a pedir un pincho de tortilla y un vasito de vino en la barra recordad que sois los herederos romanos del s.XXI y que dure....
 
 
Mireia Gallego
Noviembre 2020

 

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