Lapis specularis El cristal romano

copyright Tesoros del Museo Británico

Introducción

El romano fue un pueblo innovador en muchas materias pero sobre todo fue eminentemente práctico. Esa dualidad permitió que muchos de los grandes avances en ámbitos tan diferentes como la ingeniería civil o la ordenación urbanística, se mantuvieran a lo largo de los siglos dejando una huella imborrable en nuestro ADN y en la propia concepción de la apariencia de nuestras calles o ciudades. Sí, estimado lector, somos sin saberlo, herederos de un procedimiento constructivo, de una filosofía y de una manera de pensar y vivir.

Efectivamente, cuando pensamos en aquello que hemos heredado del mundo antiguo, inconscientemente evocamos las grandes infraestructuras romanas como los acueductos, las vías y carreteras, nuestro sistema político y jurídico e incluso nuestro ocio pero más allá de estos aspectos hay otros más sencillos y mundanos que también responden a una herencia grabada a fuego y moldeada por los siglos que engloba desde el más simple menaje hasta nuestras necesidades de construcción privada y civil.

Este artículo por tanto, pretende mostraros como Hispania aparte de minas de plata y productos agrícolas, exportó un mineral que aunque modesto fue básico para decorar villas y edificios públicos, hablamos de la lapis specularis.

 
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¿Qué es la lapis specularis?

 
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La lapis specularis es un mineral translúcido que cortado en finas secciones permitía obtener un producto parecido al cristal y que servía para la confección de ventanas o para ornamentar edificios públicos, como pavimento para suelos e incluso para cubrir carros ya que permitía que el usuario gozara de las vistas de su viaje. Al ser una piedra de yeso también podía ser efectiva para la producción de moldes. Sus beneficios no sólo se centraban en esa capacidad de traspasar la luz sino en su eficacia como aislante térmico.
 
La importancia de este mineral hizo que los romanos tuvieran un especial interés en conquistar los terrenos celtíberos de Ercávica o la ciudad de Segóbriga donde se localizaban las minas de La Mora Encantada en Torrejoncillo del Rey, La Condenada, La Vidriosa en Osa de la Vega y Las Cuevas de Sanabrio de Saceda del Rio en Huete. Aunque este mineral se halla de manera general en la cuenca mediterránea lo cierto es que la calidad y pureza del extraído en las minas hispanas hizo que se considerara como el mejor y por lo tanto fuera un producto extremadamente valorado. Además el hecho que se hallen a escasos 30 metros de profundidad facilitaba su manufactura rápida.
 
Infografía del arquitecto Salvador Codina Villa dels Munts Tarragona
 
 
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Aunque se pudiera pensar en un primer momento que era totalmente transparente, lo cierto es que la lapis specularis disponía de tonalidades diferentes que oscilaban del azulado al verde pasando por una variedad del negro. Se tiene constancia que incluso fue usado por su brillo como pavimento para cubrir la arena del circo máximo y en una epigrafía hallada en Sevilla lo refieren como elemento decorativo.
 
Coincidiremos por tanto que este material disponía de unas ventajas inmejorables que ayudaron a encumbrar a los municipios de la meseta castellano manchega y que a su vez permitieron una exportación que beneficiaba a la misma urbe, hallándose este tipo de material en diferentes villas incluso, de Pompeya.
 
La proliferación del cristal y la reducción de costes en su producción hizo que la lapis specularis dejara de usarse progresivamente, aun así son aún visitables en las minas de la zona de la provincia de Cuenca los vestigios de su explotación por parte de los romanos siendo un destino turístico de gran valor arqueológico. No hay que olvidar que el crecimiento demográfico y económico de las poblaciones colindantes se dio gracias a este valioso mineral.
 
Mireia Gallego
Octubre 2022
 

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