Tablillas de maldición

© The Trustees of the British Museum
Tretia(m) Maria(m) defico et / illeus uita(m) et me(n)tem / et memoriam [e]t iocine/ra pulmones intermix/ta fata cogitata memor/iam sci(=sic) no(n) possitt loqui / (quae) sicreta si(n)t neque SINITA / MERE possit neque [. / ...] CL VDO
 
Maldigo a Tretia María y su vida, su mente, su memoria, su hígado y sus pulmones mezclados, sus palabras, sus pensamientos y su memoria; así no podrá decir lo que esconden, ni podrá ... ni ...

Introducción

Es sabida la especial debilidad de los romanos por la practicidad; lo vemos en sus infraestructuras, en su organización social, en su legislación e incluso en su aparto militar. Eran por así decirlo, sintetizadores de lo esencial elevándolo a su máxima expresión. 
A pesar de que en muchos ámbitos nos parecen incomprensiblemente adelantados a su tiempo en otras cuestiones nos sacuden mentalmente para mostrarnos la parte más costumbrista y ancestral de su ADN. Las debilidades humanas de los romanos basadas en los placeres de los sentidos se entremezclaban con la superstición, el misticismo y el ocultismo que copaba a todos los estamentos sociales independientemente de su nivel de formación, economía o valores morales. 
Este hecho es fácilmente demostrable en algunas de las muchas festividades del calendario romano, es el caso de las Feralia en la que se aplacaba la desdicha de las almas errantes o las Lemuria que sería un equivalente al día de los difuntos que celebramos en la actualidad, sus ritos, ofrendas y cultos demuestran que eran temerosos de los Dioses pero sobre todo que creían firmemente en su intercesión para los asuntos mundanos. 
 

¿Qué son?

Las tablillas de maldición también llamadas "Defixio" eran unas finas planchas, principalmente de plomo que servían para soltar una maldición a enemigos, oponentes, rivales o en algunos casos ofrecer conjuros de amor. La gran mayoría de las que se han localizado son metálicas pero es más que posible que las hubieran de muchos otros elementos como tela o papiro pero que estas no nos hayan llegado por la dificultad de preservarse en el tiempo. 
Los yacimientos arqueológicos han permitido localizarlas en emplazamientos de todas las provincias romanas lo que nos da una idea de lo extendida de esta práctica y se han hallado escritas tanto en alfabeto griego como en latín.
 
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Las Defixionum Tabella es posible que procedan de una tradición helénica y que se asentara en el mundo romano a través de las influencias etruscas, el gran número hallado en excavaciones en Sicilia y que las sitúan en el s.V a.C apunta a que esta práctica se extendió por la península a través de los ejes comerciales y por la interacción social.
 

¿Quién y cómo?

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Una ciudad como Roma que llegó a albergar hasta un millón de habitantes podréis imaginar que era de un bullicio constante. Sus serpenteantes callejuelas estaban repletas de comerciantes, thermopolios, mercadillos, pero también de hombres y mujeres que se buscaban la vida como podían, no era difícil por tanto encontrar alguien dispuesto a cobrar por gestionar entre el más allá y el mundo de los vivos. Estos gurús invocaban a deidades ctónicas o del inframundo para que intercedieran ante su cliente,  principalmente centradas en la figura de Mercurio, de Caronte o de Proserpina. El cliente indicaba a quién maldecir y qué quería que le aconteciera, aquí encontramos deseos de venganza de lo más extravagante, desde la afectación sexual de por vida a la propia muerte del afectado. 
Estas tablillas podían ser aplicadas a cualquier cuestión, así que a nivel legal se han hallado algunas que solicitan que el testigo de una acusación se olvide de lo acontecido o se le traben sus palabras, a nivel comercial que las transacciones comerciales no fructiferen o que tal político no llegue al cargo público que pretende. En cuestiones mucho más mundanas y cotidianas se han localizado las que solicitan que el auriga de la facción contraria que va a competir caiga en la primera curva o que tal persona se desenamore rápidamente de otra. Realmente es un magnífico escaparate de ocurrencias que en ocasiones producen cierta hilaridad.
El intercesor místico cogía entonces una tablilla de plomo a la que le grababa con un punzón el mensaje solicitado, tras ello estas tablillas se doblaban en un rollo y se enterraban, en el caso de los aurigas por ejemplo se hacía bajo la arena del circo, normalmente en las zonas de curvas, pero en otros casos se tiraban a pozos o estanques, o bien se entregaban al cliente y este las colgaba en zonas subterraneas de templos o edificios o en el caso de intercesión amorosa se enterraban en la casa de la amada/o sin que éste lo supiera.
 
Las tablillas también se han hallado en las tumbas de fallecidos, a modo de mensaje a los portadores de almas para que el difunto hallara reposo.
 
Es más que probable que algunos mediadores del más allá gozaran de cierta notoriedad si sus trabajos gozaban de cierto éxito, tampoco sería muy diferente a lo que actualmente tenemos, todos conocemos a tarotistas o videntes que se convierten en estrellas mediáticas y son visitados por políticos o personalidades de renombre, me imagino que la diferencia entre una alta probabilidad de éxito o no residía en la cantidad que pagaras.
 
Los rollos en ocasiones iban acompañados de plantas aromáticas, se han hallado restos de salvia sobre todo, quizás porque esta planta aromática está íntimamente relacionada con el mal de ojo y se creía que aumentaba y potenciaba la maldición del peticionario. Esta hierba fue ampliamente utilizada por magos, brujos y alquimistas en la Edad Media como remedio para incrementar las capacidades visionarias.
 
Si lo pensamos con cierta dosis de naturalidad y poniéndonos en perspectiva tampoco han cambiado tanto las cosas, en nuestro entorno seguro que conocemos a alguien que nos informa sobre técnicas para atraer la buena suerte, repeler el mal de ojo o conquistar al ser amado. Esencialmente en nuestras pasiones y anhelos seguimos siendo iguales.
 
Mireia Gallego
Enero 2021
 
 
 
 

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