Campidoglio y altar de la Patria
Los Dioscuros

Estas dos figuras de mármol que te dejan sin aliento en las escalinatas de acceso a la Piazza del Campidoglio, fueron halladas en otro templo de consagrado a ellos y ubicado en el circo Flaminio, en el campo de Marte. Posteriormente fueron trasladadas a su ubicación actual.
Se representan a ambos junto a sus caballos, estos últimos visiblemente más pequeños y sus icónicos píleos (gorros parecidos a los frigios confeccionados en fieltro y que simbolizan la paz).
Están esculpidos para ser vistos desde abajo y para que los éstos destaquen en tamaño y fuerza visual. Fueron fuente de inspiración para artistas posteriores no cabe duda, pero a día de hoy siguen custodiando la ciudad que más les veneró.
Trofeos de Mario

Si hablamos de restos romanos que nos encontramos en la ciudad eterna, nos vienen a la memoria centenares de monumentos icónicos, pero si algo me gusta traeros son los menos conocidos, los que te encuentras en medio de la nada o encastados en un edificio posterior.
En la Piazza Vittorio Emanuelle II, hallamos una construcción romana delimitada por una verja de hierro. Su apariencia puede pasar algo desapercibida, pero en su época, fue un precioso ninfeo que se alzaba en lo más alto del Esquilino, en la confluencia de la Vía Labicana y la Vía Tiburtina.

La datación la sitúa durante el imperio de Severo en el 226, se sabe porque existe alguna moneda con la representación de esta fuente. Conocemos la existencia de al menos quince ninfeos en Roma, pero éste es el único que se preserva estructuralmente.
La fuente ornamental en realidad marcaba el límite final del ramal del acueducto y servía tanto de fontanal decorativo como de zona de distribución de agua a través de las cañerías de plomo.
La estructura de ladrillo revestida de mármol, tenía veinticinco metros por casi diez de altura y se dividía en tres niveles que acababan en una cuadriga decorativa. Contenía una estatua que representaría a Océano, pero en la parte central superior, en una estructura semicircular, se hallaban las estatuas presumiblemente de Alejandro Severo y Julia Mammea, custodiadas por los erróneamente conocidos como "Trofeos de Mario" ya que los asimilaron a las victorias de Cayo Mario sobre los cimbrios y los teutones. La realidad es que seguramente serían los trofeos dedicados a la victoria de Domiciano sobre los catti y dacios en el 89.
Posiblemente el ninfeo fue una restauración de una anterior ya que se han localizado los restos de ladrillo reticulado de época augusta.
Como veis, hay que observar detenidamente cada calle, cada muro y cada sillar de Roma casi sin pestañear, así te aseguras no perderte una historia que aunque menos insigne no deja de ser importante.
Coloso de Constantino

Lo cierto es que supo leer perfectamente su tiempo y adaptó su reinado en el s.IV, a la nueva religión que se había extendido entre todas las clases sociales, incluyendo las élites.

A pesar de que el arco consagrado a él no dispone de iconos religiosos, sí que se cree que en esta escultura que decoraba su basílica en el foro, iba representado con un lábaro (estandarte imperial) con el símbolo del crismón (letras griegas que representan a Cristo).
La basílica fue iniciada por Majencio, pero la victoria de Constantino sobre éste en Puente Milvio, permitió la readecuación del edificio al nuevo emperador. La importancia de la Basílica es que establece el nuevo ordenamiento arquitectónico que influenciará en las nuevas construcciones cristianas, muy especialmente en las iglesias.
Dentro de ese enorme edificio administrativo, Constantino hizo colocar su colosal estatua, de la que hay una réplica maravillosa recientemente colocada en el palazzo Caffarelli y que no podéis dejar de visitar.




De unos doce metros de altura y de estilo acrolítico, es decir extremidades de mármol y cuerpo realizado en ladrillo, madera y planchas de bronce, se esculpió con un rostro regio, con mentón muy marcado, ojos grandes, y una escasa expresividad, un rasgo que recuerda la divinidad del emperador. Las extremidades, manos, piernas y pies son más realistas. Los fragmentos originales pueden ser vistos en el patio del Palacio de los Conservadores.
Un recuerdo del cambio artístico y religioso que marcó Roma para siempre.
Insula del Ara Coeli

El edificio fue salvado de la demolición casi por casualidad. Su estructura había servido para albergar la Iglesia de Santa Rita, de hecho aún son visibles los restos de las pinturas cristianas de una iglesia aún más antigua, en una de sus hornacinas. Tras reconstruir el nuevo templo a Santa Rita cerca del teatro de Marcelo, los restos originales de la ínsula, se pudieron excavar hasta alcanzar los nueve metros bajo el nivel de la calle.


Sepulcro de Cayo Publicio Bíbulo

Como siempre os he comentado, en Roma hay restos que pasan desapercibidos, bien porque sea poco lo que se conserva o porque su ubicación queda eclipsada por otros edificios. Y éste, es uno de esos ejemplos.
Junto al altar de la Patria se localizan los restos del sepulcro de Cayo Publicio Bíbulo. Está datado del s.I a.C, con una inscripción que reza "el constructor del pueblo". Lo que se sabe de nuestro ilustre morador y su familia es que ejerció de edil de la plebe en algún momento y que el pueblo y el Senado quedó complacido con sus aportaciones. Y lo sabemos porque era muy inusual que el Senado proporcionara y regalara un espacio de terreno público para levantar un sepulcro en honor de un particular. Aunque actualmente queda encajado en los jardines, en la antigüedad estaría en uno de los laterales de la Via Lata, a las afueras de la Puerta Fontinalis y junto a las murallas servianas.


Estatua de Marforio



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