Mausoleo de Augusto

 

Introducción

Pasear por Roma es ir descubriendo pequeños y grandes retazos de una civilización que cambió nuestro mundo, es darse cuenta que por más que se quiera negar la mayor sigue resistiendo dígnamente los estragos del tiempo, algunos con mayor fortuna que otros. Aun así, es necesario mostrar la grandeza de sus recuerdos, incluso aquellos que pasan más desapercibidos, más si cabe si es uno de los yacimientos más importantes de la ciudad.

Solitario, parcialmente oculto entre los turistas, junto al moderno museo que custodia el Ara Pacis de Augusto, se adivina un túmulo de una estructura circular. Se nos muestra majestuoso tras su reciente remodelación, pero lo cierto es que muchos ni tan siquiera adivinan la relevancia de sus restos y lo trascendental de los restos que una vez se custodiaron tras sus paredes.

 

La historia

 

Augusto fue el primer emperador, pero muy por encima de eso, fue el gran transformador de la ciudad. Fue el arquitecto que dio el estatus necesario a una urbe en alza, el artífice como él mismo decía, de cambiar los ladrillos por mármol, y en su afán de otorgar a Roma el nivel que debiera, ideó un plan urbanístico que cambió para siempre el aspecto de Roma.

Tras un arduo camino político, un triunvirato fallido y un acercamiento al senado que le reportó muchos beneficios, Augusto decidió atacar Egipto, o más bien a Marco Antonio y Cleopatra, justificado por un acto de rebeldía en el que los amantes habían retado a Roma a través de la ruptura del matrimonio de Marco Antonio con la hermana de Augusto y por su afán de reinar sobre Egipto sin el yugo de la ciudad eterna.

Las legiones de Augusto acaban con las de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Accio, dando por finalizada la rebelión de los amantes y por ende, convirtiéndose en el primer hombre de Roma. En este viaje a tierras Egipcias, Augusto visita la tumba de Alejandro Magno, al igual que lo hicieron sus antepasados y posa sobre los restos del gran general una corona y lo cubre de flores. 

A su vuelta a Roma, Augusto, decide iniciar la construcción de un mausoleo donde depositar sus restos cuando él fallezca, para éste y para todos los familiares y descendientes de su familia, quizás impresionado por lo visto y por ese concepto arrelado en los antiguos, de dejar constancia de su legado personal y político. Y es entonces cuando en la gran planicie del campo de Marte, fuera de las murallas de Roma, Augusto decide construir su mausoleo, el aún visible Mausoleo de Augusto.

Los restos

 

Muchos desconocen que esas ruinas custodiaron los restos de los emperadores y familiares más importantes del imperio romano, algunos entre grandes fastos y otros, llevados en la protección de las sombras por un legado político sombrío, pero se sabe que entre esas paredes se hallaron las urnas de todos los miembros, amigos y descendientes políticos de la familia de Augusto: Marcelo, Agripa, Octavia, Atia, Germánico, Druso, Tiberio, Livia Drusila, Calígula, Nerva, entre muchos otros.Con los años el expolio fue constante y los pasillos circulares fueron saqueados modificando el propósito del edificio y quedando como fuerte.

Las fuentes clásicas

“El más sobresaliente entre los monumentos es el conocido como Mausoleo, gran túmulo que surge sobre un alto basamento de mármol en las cercanías del río, cubierto por sus lados, desde la cima, por árboles de hoja perenne. En la parte más alta se halla una escultura en bronce de César Augusto, mientras bajo el túmulo está la tumba del mismo emperador, de sus parientes y de sus amigos más íntimos. Detrás hay un gran jardín sagrado que permite espléndidos paseos. En medio del campo hay un recinto de mármol blanco, construido en torno a la tumba de Augusto, que tiene una balaustrada circular de hierro y su interior está cubierto de álamos”.

Estrabón

 

Partiendo de la base que ya en esa época existían grandes monumentos construidos, las palabras de Estrabón resuenan más en nuestra cabeza, si era sobresaliente es porque las dimensiones y la decoración debían ser exquisitas y muy posiblemente parecida al Ara Pacis, ya que posteriormente ambos monumentos estarían idílicamente unidos por cercanía e interacción.

Varias cuestiones a resaltar, aunque conjeturas, Estrabón nos dice en el caso del Mausoleo que estaba rodeado de árboles de hoja perenne, mientras que cuando habla del recinto del jardín, especifica que los árboles que lo cubren son álamos. En las reproducciones que he hallado casi siempre se ilustran con álamos a su alrededor cuando lo más posible es que hubieran diferentes tipos de árboles, por tanto, hay que echarle imaginación e intentar cubrir los espacios con el material proporcionado por el sentido común.

 

Idealización del Mausoleo. Tesoros del Museo Británico
 

El problema reside en el supuesto número de pisos. Algunas imágenes muestran hasta siete pisos de altura aunque personalmente creo que sería un basamento de mármol, cuatro pisos, más el último que alojaría la estatua del emperador. El diámetro es de 85 m por unos 40 metros de altura. El interior consta de una serie de pasillos circulares concéntricos con accesos que comunicaban las cámaras. Estas cámaras estarían repletas de hornacinas donde reposaban las urnas funerarias con los restos de los difuntos, con losas de mármol que mostrarían el nombre, la familia y el cargo o los cargos ostentados.

Parece ser que la de Octavio se situaría en el centro exacto del recinto, haciendo honor a su morador más ilustre. Fuera, frente al acceso de entrada al mausoleo, Augusto hizo colocar dos obeliscos que permitían dar a conocer su victoria frente a los egipcios y si cabe le ofrecían un aspecto más orientalizado, un guiño a la tumba de Alejandro.

Con los años otro emperador quiso emular a su predecesor, en este caso fue Adriano quien colocó en la otra ribera del Tiber, su propio mausoleo. A diferencia del de Augusto, los usos posteriores como fortaleza preservaron la estructura, manteniendo intacta la base y soportando los estragos del tiempo y las guerras.

Mausoleo de Adriano en Roma

 

Tras siglos de agónico expolio de las urnas y de la propia tumba, el mausoleo de Augusto quedó reducido a su mínima expresión, pero sin perder la esencia misma de la naturaleza de quienes albergó. El de Augusto debe ser celebrado como el sacro lugar donde una vez el primer emperador descansó y donde se inició una de las etapas más gloriosas de la antigua Roma. Augusto no merece menos y su pueblo tampoco.

 

Mireia Gallego

Marzo 2016

 

 

 

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