El autómata de Filón

Introducción

Si hay algo que me gusta, es sorprender al lector con temas menos conocidos sobre el mundo antiguo. Quizás porque la percepción que tenemos sobre los avances científicos en relación a la mecánica, los fundamentamos principalmente en las innovaciones de los s.XVIII y XIX, pero lo cierto es que gran parte de su inspiración parte de aquellos inventores helenistas que fueron capaces de establecer auténticas proezas que únicamente fueron igualadas muchos siglos más tarde.
Porque si os pregunto en qué momento llegaron a nuestra vida los autómatas, seguramente pensaréis en épocas recientes. Bien, pues no fue así. Veamos uno de estos grandes hitos de la antigüedad que nos sorprenden por la innovación y creatividad de sus inventores.
 

Filón de Bizancio

 
 
 
De Filón de Bizancio sabemos poco en relación a su vida, que nació en el s.III a.C y que fue discípulo de Ctesibio de Alejandría, este último el padre de la neumática e inventor de las clepsidras (relojes de precisión), órganos hidráulicos o las bombas de agua. El maestro sentó las bases del conocimiento sobre el aire comprimido y aunque si bien no disponemos de los tratados que dejó Ctesibio en vida, conocemos su legado en parte por el propio Filón y posteriormente por Vitruvio.
Así, Filón recogió ese conocimiento y lo adaptó a numerosos ingenios siguiendo la estela de su predecesor. Su obra abarcaba gran cantidad de campos, desde las matemáticas, la mecánica, la construcción de infraestructuras, las aplicaciones bélicas de determinados inventos y la denominada Automatiopoeica, es decir la creación de máquinas de uso lúdico o juguetes mecánicos. Y ahí es donde entra uno de sus grandes inventos; el autómata.
 
Las aportaciones de Filón no se redujeron meramente a aspectos recreativos sino que aún a día de hoy seguimos haciendo uso del tintero de Cardán (antecesor al mecanismo del giroscopio y que impedía el derramamiento de la tinta) e incluso se apunta a que Filón ya estableció las bases de los molinos de agua con sistemas de vasos comunicantes. Otros de sus muchos inventos son el muelle o la cadena. Pensad que su tintero es el precursor de la brújula, así que las aplicaciones de estos protoensayos mecánicos establecieron los cimientos de los prodigios ideados en los s.XVIII y XIX.
 
 

 

El autómata

Pero vamos a centrarnos en el invento que da título al artículo no por importancia sino por su creatividad. Imaginad por un momento que estáis en uno de esos banquetes griegos compartiendo una velada de música, discursos, danza y vino. Normalmente los esclavos rebajarían el vino en agua y llenarían las copas de sus comensales, pero si uno quería causar auténtico furor, pondría uno de estos artilugios que causarían gran asombro siendo posteriormente la comidilla de las conversaciones.
 
La idea ahora nos puede parecer muy simple, pero pensemos que estamos en el s.III a.C. 
Filón utilizó una estatua, seguramente femenina, a tamaño real. En uno de sus brazos, el derecho, colocó una jarra, mientras que el izquierdo la efigie tenía la palma de la mano hacia arriba. Cuando se colocaba la copa en la palma, ésta descendía por el peso activando el mecanismo y haciendo que la presión abriera el depósito de vino que discurría por un tubo hasta la jarra. Era entonces cuando el recipiente se inclinaba llenando la copa hasta una altura ya predeterminada pues la mano que sostenía la copa bajaba por el peso del líquido. Pero el invento no quedaba ahí ya que una vez bajaba la mano de la copa, se cerraba el compartimento del vino y se abría el depósito del agua para rebajarlo. 
 
 
El peso del agua hacía que la mano siguiera bajando activando el cierre de ambos depósitos sin derramar una sola gota.
Podréis imaginar la curiosidad que despertaría el artilugio. Teniendo en cuenta que muchos anfitriones buscaban la admiración pública y ser diferenciados por sus banquetes ostentosos, éste sería sin duda uno de los más prodigiosos.
 
Filón fue fuente de inspiración para otros como Herón de Alejandría, uno de los máximos exponentes de la ingeniería y la física aplicada e inventor de prodigios tan sorprendentes como las puertas automáticas de templos que activaban mecanismos para escuchar música y que elevaban al piadoso seguidor a otro nivel. Ahora contemplamos todos estos inventos como menores, pero sin duda fueron los fundamentos sobre los que se sostuvieron todos los demás.
Filón siguió creando inventos con aplicaciones diversas, desde fuentes automáticas hasta lámparas de aceite, dejándonos algunos pocos documentos escritos de un nutrido número de Tratados. Conocer a estos grandes genios de la antigüedad, permite poner de manifiesto la libertad de creación y el acertado mecenazgo de aristócratas y políticos que potenciaban nuevas ideas. Sin esta apuesta altruista en innovación sería difícil entender la proliferación de físicos y matemáticos que quedaría seriamente mermada durante la Edad Media.
 
Así que conocerlos es otorgarles el justo lugar que merecen.
 
Mireia Gallego
Mayo 2026
 
 
 

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