Disco de Festos

Introducción
Intervenciones arqueológicas

La identificación de Spratt fue confirmada finalmente en 1894 por los arqueólogos Halbherr y Taramelli. Una vez que Creta obtuvo su independencia de los turcos en 1898, la Escuela Italiana de Arqueología comenzó a estudiar la colina de Festos iniciando tras ello las excavaciones en junio del 1900 bajo la dirección de F. Halbherr y Luigi Pernier, quienes sacaron a la luz el palacio. Las excavaciones fueron continuadas posteriormente bajo la dirección de Pernier, quien también fue responsable de los trabajos de reconstrucción que pueden contemplarse actualmente. Fue Pernier quien descubrió el disco alojado en una pequeña cámara subterránea situada en el ala noreste del antiguo palacio. En la misma estancia apareció igualmente una tablilla escrita en Lineal A, que ayudó a situar el hallazgo en el contexto de la civilización minoica.
Un nuevo periodo de excavaciones se inició en 1950, bajo la supervisión de Doro Levi, entonces director de la Escuela Italiana de Arqueología, quien descubrió impresionantes secciones del antiguo palacio, y sectores de la ciudad minoica y helenística que lo rodeaba. Estos son los yacimientos conocidos como “Chalara” y “Agia Photini”.
Cronología del Palacio de Festos
La colina de Festos estuvo habitada ya en el período Neolítico Tardío (4500–3200 a.C.), cuando se estableció un extenso asentamiento, sucedido por otro del período Prepalacial (3200–1900 a.C.). Estos primeros asentamientos fueron seguidos por la fundación de la primera residencia (1900–1700 a. C.), construida en la parte nororiental de la colina para controlar toda la fértil llanura de Mesara.
Alrededor de esta estructura surgió la ciudad minoica de Festos que continuó prosperando en época helenística (323–67 a.C.).

Imagen idealizada del Palacio de Festos Chat GPT basado en la estructura de cimentación
Los palacios minoicos eran centros de poder político, económico y religioso y no únicamente espacios residenciales de la aristocracia. A pesar de su forma laberíntica, presentaban una disposición arquitectónica específica. El núcleo de los distintos complejos era el gran patio central al aire libre, alrededor del cual se organizaban las diferentes dependencias. Se trataba de edificios de varios pisos con fachadas de sillares cuidadosamente elaborados, entradas monumentales, lujosos salones con salas hipóstilas, polythyra (salas con múltiples puertas) y balcones.
El primer palacio fue construido alrededor del año 1900 a.C, con una superficie aproximada de 8.000 m² distribuyéndose en tres terrazas escalonadas sobre la colina. Estuvo habitado durante unos dos siglos y medio, durante los cuales fue destruido y reconstruido hasta en tres ocasiones, quedando arrasado por un terremoto hacia el 1700 a.C. Tras su destrucción definitiva, las ruinas quedaron cubiertas por una gruesa capa de arcilla y guijarros, sobre la cual se edificó uno nuevo edificio de menor tamaño, pero más monumental. Fue destruido en el 1450 a.C., momento a partir del cual quedó en el olvido. La ciudad que lo rodeaba continuó habitada y floreció durante el período Geométrico (800–700 a.C.) y Helenístico (323–67 a. C.). Hacia el 150 a.C., la ciudad fue destruida por la vecina Gortina, que desde entonces se convirtió en la nueva potencia del sur de Creta en detrimento de Festos.
Ahora que ya sabemos los antecedentes, hablaremos de nuestro disco.
El disco de Festos

Imagen CC
El artífice del descubrimiento como hemos comentado anteriormente fue Pernier. Durante la excavación, el arqueólogo italiano halló un disco confeccionado en arcilla cocida de unos dieciséis centímentros de diámetro cubierta por una espiral de símbolos o pictogramas. Éste estaba grabado por ambas caras, y presentaba un canto perfectamente liso. El análisis pormenorizado de tal descubrimiento presentó una serie de incógnitas, entre ellas que los símbolos habían sido confeccionados con un sello, punzón o molde pues mostraban formas perfectamente coincidentes en los iconos que se repetían, o que la redondez de la pieza no se correspondía con la cerámica minoica. El disco asimismo mostraba 241 símbolos con líneas de separación en grupos de treinta segmentos en una de las caras y treinta y uno en la opuesta, que no seguían un patrón fijo por número de pictogramas. Parece ser que la dirección de lectura sería partiendo desde la zona externa hacia el centro, pero no creáis que esta teoría ha sido plenamente aceptada, de igual forma que tampoco se puede establecer si la lectura dentro de las divisiones se tenían que hacer de izquierda a derecha o a la inversa. Las formas se correspondían con perfiles humanos, formas de animales, armas y posiblemente herramientas de uso. Pero, ¿era realmente un idioma?, ¿las secciones se dividían en palabras, en sílabas, en sonidos quizás?

Y es que realmente ahí está el problema. Que no sabemos si efectivamente era un lenguaje correspondiente a una época anterior al Lineal A o si representaba el tablero de un juego parecido al mehen egipcio. Es cierto que el tablero dispone de una espiral en forma de serpiente como puede verse en la imagen, pero la ausencia de símbolos plantea una duda razonable.

Las coincidencias con los jeroglíficos egipcios se fundamentan en las formas utilizadas, pero no se puede establecer una conexión directa que permita su transcripción. Teniendo en cuenta además la influencia de los pueblos del mar y su interacción comercial y cultural, la posibilidad de una imitación podría ser factible, pero nada más que eso. No puede compararse a ningún otro alfabeto ni disponemos de referencias, por lo que al final todo se tratará de meras conjeturas. Tras muchos análisis, los expertos plantean diferentes hipótesis, desde un tipo de texto religioso a una oración a una diosa madre, de hecho algunos se han aventurado incluso a ofrecer una traducción aproximada. Teniendo en cuenta su localización en el palacio debería ser cuanto menos contemplado como un elemento si no sagrado, de cierta relevancia.


Las hipótesis: ¿Falsificación o auténtico?
Seguramente ahora mismo os ha estallado la cabeza, después de todo el rollo que os he dado respecto a su localización y disposición pensaréis que me he dado un golpe, pero lo cierto es que no. Digamos que algunos arqueólogos de esa época no gozaban de demasiada confianza. Hay que pensar que en pleno boom de la arqueología, los grandes hallazgos permitían poner tu nombre en lo más alto de los medios de comunicación del momento y entre los círculos académicos, por no hablar de la posibilidad de ser financiado por las élites. Así que algunos estudiosos contemplaron la pieza como una falsificación de Pernier basándose en pequeños aspectos, como el acabado de la cerámica o la negativa a que se sometiera a la pieza a un análisis de datación. De hecho, esto último sigue coleteando porque esa negativa sigue perpetuándose hasta el día de hoy.
Y el enigma sigue. Lo más excepcional del disco de Festos es que si fuera original, representaría el hallazgo de impresión por estampación más antigua de la historia, adelantándose más de dos milenios a la invención china. En cierta manera, el misterio que lleva implícito es lo que lo eleva a una categoría superior. Me gusta pensar románticamente que el colgante que pende de mi cuello comprado en Grecia y que imita ese disco que tanto me fascinó desde hace décadas, es tan antiguo.
Y vosotros, ¿qué pensáis?
Mireia Gallego
Mayo 2026
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