Las Sirenas


Introducción

Siempre me han gustado los personajes mitológicos más extraños, los más oscuros, los atormentados, especialmente divinidades ctonicas del inframundo. Y es que, en cada uno de ellos, se aprecia una extraordinaria gama de matices que tienen que ver con aspectos que atañen a un modelo de conducta, sentando en sí mismos, las bases de una moral colectiva y plenamente humana. Sus dramáticas historias nacen normalmente de una decisión errónea a ojos de los poderosos e incluso se adivina cierto ejercicio de rebeldia e imprudencia que les conducirá a su propio infortunio eterno. 
En una sociedad en la que se promulga oralmente los ejemplos a través de sus mitos, permitirá garantizar una comunidad temerosa de sus dioses y de las vendettas que podrían sufrir si no se actuaba con la debida piedad. Las sirenas también son un ejemplo de todo ello y para hablar de su complejo mundo, deberemos abordarlas des del principio.
 

Orígenes e influencias

Las sirenas griegas no han sido, ni muchísimo menos, las primeras representaciones de mujer con cuerpo de ave y garras de rapaz. Es una constante hallar en diferentes culturas entidades con los mismos rasgos e incluso con las mismas atribiciones de personalidad. Las alas en un contexto arcaico, estaban unidas a la capacidad de traspasar el mundo de los vivos y los muertos, por lo que muchos de los episodios en los que las podemos encontrar tienen que ver con el inframundo o con los personajes que lo habitan. 
 
 
Y es que, la relación comercial con las civilizaciones venidas del este, permitió que también se nutrieran a su vez de ciertos cultos religiosos, adaptándolos a las propias necesidades para únicamente modificarlos en cuanto a su procedencia y mito. En el caso que nos ocupa tiene una interrelación directa con el mundo sumerio, acadio, babilónico o asirio a través de las figuras de Inanna/Ishtar, Ereshkigal o Lilith.
Todas ellas presentan una conducta oscura y temida, características que las harán atemorizantes a ojos de los mortales, pero también, aunque sea mucho menos obvio, con un aspecto más secundario; el del conocimiento.
 
Estas sociedades arcaicas repiten un mismo patrón a través de esas deidades originales que luego se irán transformando con el paso de los siglos. Ese fue el caso de otra diosa, Afrodita, que nació de la adaptación de Ishtar, Astarté e Inanna. Esa primera diosa helena creada a medida, no disponía de una atribución sexual entendida como aspecto meramente erótico, sino que en Chipre se adoraba una piedra cónica y negra. Afrodita era la diosa de la guerra así como de la fuerza de una sexualidad procreadora y regeneradora. De hecho en culturas como la espartana, era presentada con yelmo y escudo, denominándose Afrodita Areia, Enoplios o Encheios, es decir la guerrera o la beligerante. En determinadas polis fue perdiendo esa connotación plenamente marcial para centrarse en un carácter frívolo y totalmente sexualizado que aún tenemos fijado en nuestra propia percepción de la diosa.
 
¿Y los clásicos qué nos relatan sobre los orígenes de las sirenas?
Pues dependerá del autor al que nos dirijamos. Mientras unos las identifican como hijas del dios fluvial Aqueloo con una musa, dando así explicación a sus dulces y melodiosas voces, otros las relacionan directamente con las entidades naturales que acompañaban a Perséfone y que fueron convertidas por Deméter, en figuras aladas como castigo por no impedir el rapto de su hija o quizás, para capacitarlas para la búsqueda de la joven, cautiva por Hades en el inframundo. Este último episodio las unirá irremediablemente al infierno griego, a la muerte y a las almas de los difuntos. Otro aspecto es su segmentación en tres entidades diferenciadas, que refuerza la sacralidad de ese número desde la visión grecorromana, entendiendo que el "tres"  simbolizaba la protección y la conexión con el mundo de los muertos. Este es motivo por el que las Erinias, las Gorgonas, las Grayas o las Moiras también eran tres.

Ahora que ya entendemos sus orígenes, podemos hablar de su apariencia que dista mucho de la que nos proyectan desde la filmografía clásica o la tradición más cercana.
 

Apariencia

Cuando pensamos en sirenas evocamos tradicionalmente a criaturas con torso de hermosas y jóvenes mujeres con colas escamosas de pez, pero ya véis que las sirenas originariamente jamás tuvieron ese aspecto.
De hecho éstas no se distinguían por una belleza física al uso. Sí que disponían de rostros humanos, pero su cuerpo era similar al de una rapaz, incluyendo unas potentes garras con las que se mantenían erguidas en las costas rocosas de Sicilia, atentas a la llegada de osados marineros. 
Ya el origen etimológico de la propia palabra establece controversía. Puede ser traducida como "las que atan", "canto" o "hembra que cautiva". Y además disponían de nombres propios. Las tres más conocidas son; Parténope, que al no poder retener a Odiseo se lanzó al mar para acabar apareciendo en las playas de la actual Nápoles donde fue enterrada, Leucosia que la une a la espuma blanca de las olas y Ligia, que significa algo así como "melodiosa" haciendo alusión a su cautivadora voz.
 
 
 
Principalmente protagonizan dos episodios, en la Odisea y en los Argonautas, pero la apariencia con cola de pez no aparecería hasta al menos el siglo VII u VIII cuando fueron asimiladas a otras criaturas acuáticas.
 
 
 

 
 
 
 

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