
Introducción
Existe una idealización muy extendida del mundo romano. Nos parece que esa civilización que se mantuvo hegemónica durante siglos, representa el culmen de la practicidad y de los grandes hitos de la ingeniería civil y militar. Y realmente fue así, pero no lo es menos que la sociedad romana, a pie de calle, era mucho menos atractiva. La ciudad estaba repleta de una población hacinada, de pocos recursos y con una economía de supervivencia. Tras los templos de mármol y los grandes palacios imperiales, cohabitaban miles de familias que a duras penas lograban subsistir con cierta dignidad. Así que mantener a tus hijos se convertía en un auténtico dilema cuando además, los medios de control reproductivo eran inexistentes o muy primitivos. Para saber qué era la columna lactaria y su uso, deberemos abordar primero las causas que sirvieron para reconocerla como tal.
La unidad familiar
El poder político de Roma disponía de una concepción plenamente patriarcal. Es la figura del monarca, cónsul o emperador quien actúa como un padre proveedor para el resto de ciudadanos. E igualmente el símil podemos extrapolarlo a la unidad familiar. Es el pater familias quien dispone de la potestad legal de dotar de un futuro a sus hijos y de garantizar la perpetuación de las buenas costumbres romanas que implican la aceptación de un rol determinado dentro de la sociedad. Pero todo esto habla de intencionalidad, no de realidad. La vida era dura, muy dura y por tanto, la posibilidad de garantizar la supervivencia de un nuevo descendiente no era apto para todos los casos ni para todos los descendientes.
Aparentemente, en el mundo romano, existía una tradición denominada "Tollere Liberum" (levantar al hijo) en la que la madre que acababa de dar a luz, colocaba al recién nacido en el suelo de la habitación. Con este gesto se invitaba al padre a acogerlo entre sus brazos si su intención era la de otorgarle su nombre, no obstante, siempre quedaba la posibilidad que éste le diera la espalda, repudiándolo. Sería un gran error pensar que fue un acto generalizado, pero sí que existió. Las causas podían ser variadas, desde una malformación física hasta una incapacidad de poder alimentarlo. Os preguntaréis qué pasaba entonces. ¿Qué se hacía con el bebé? Pues dos cosas o acabar con su vida o abandonarlo, éste último acto es denominado como "Expositio infantium". Os voy a colocar referencias de clásicos para que entendáis la dureza de los hechos:
Séneca, De ira, I,15,2
"Portentosos fetus extinguimus, liberos quoque, si debiles monstrosique editi sunt, mergimus" Eliminamos los fetos monstruosos y ahogamos a los que nacen débiles o deformes
Tertuliano, Apologeticum, 9,17
"Imprimius filios exponitis suscipiendos ab aliqua praetereunte misericordia extranea" En primer lugar exponéis a vuestros hijos a fin que lo recoja la compasión de algún extraño que pase por ahí.
Ya habéis podido comprobar que lo que se prioriza es la capacidad de supervivencia, en una especie de selección natural. No es fácil de comprender con nuestra moral actual, por ello no debemos caer en un presentismo que nos impida analizar de forma objetiva sus sociedades. Las motivaciones que llevarían a estas familias a dar ese doloroso paso, pudieron ser múltiples; desde una incapacidad de garantizar alimento hasta una posible acusación de infidelidad.
El abandono podía realizarse en cualquier espacio público. Las puertas de un templo o la propia calle podían utilizarse como lugar donde exponerlos, pero también existiría una ubicación en el centro de Roma, que adoptó el nombre que ilustra el artículo, para previsiblemente poder dejarlos a su suerte. La llamada Columna Lactaria.
Localización
En la ubicación donde actualmente está el Teatro de Marcelo en Roma, previamente había el foro Olitorio. Era un mercado al aire libre donde se vendían frutas y verduras. Junto a él también se erigía el Templo de la Pietas. Debéis imaginarlo como un espacio de bullicio, repleto de tiendas, mercaderes, hombres y mujeres que se buscaban la vida como podían.
Es en este espacio atestado de gente, donde se levantaba una columna con una base simple, ocupada principalmente por mujeres que se alquilaban como nodrizas (nutrices) para aquellas madres que no disponían de leche o para parejas que habían adoptado. Este uso prolongado en el tiempo, dio el nombre por el que se le ha conocido a través de los siglos. No obstante, también se cree que acabó usándose como un lugar de abandono de esos recién nacidos quizás con la esperanza de que tuvieran una oportunidad de supervivencia. Y es que en Roma, no hacía falta ser padre biológico para poder convertirte en una unidad familiar por derecho. El procedimiento jurídico que representaba la adoptio o la adrogatio, permitía dotar de legalidad a la paternidad del progenitor. Es por ello que no era raro que familias estériles adoptaran al hijo no deseado de un vecino, o que se pasearan por esta zona para comprobar si había alguno al que ofrecerle una oportunidad y ya de paso, contratar a las nodrizas para que les amamantaran.
Estas criaturas en el mejor de los casos hallaban una nueva familia de acogida, pero de igual forma quedaban expuestos a vendedores de esclavos "Venalicius", que hallaban una fórmula sencilla de sacarles rentabilidad. Únicamente debían invertir algo de dinero en estas nodrizas a sueldo hasta que los pequeños alcanzaran la edad suficiente para venderlos en el mercado al mejor postor y a un precio mucho mayor del invertido.
Conclusión
A estas alturas ya veis que Roma no era sólo mármol y lujo. Es la historia de miles de hombres y mujeres con sus miserias y aciertos. Son las vidas del aristócrata, del soldado, del vagabundo o del esclavo. Es la calle donde asesinan por unas cuantas monedas o el Senado donde se decide el destino de un imperio cada vez más extenso. Y es en cada historia donde somos capaces de entender, que la evolución de las sociedades se establece no solo por la acción de la tecnología sino por la protección de los derechos humanos.
Bibliografía y fuentes clásicas
1. Festo, Sexto Pompeyo. De verborum significatu, voz Lactaria columna, ed. Lindsay, p. 105.
2. Juvenal, Décimo Junio. Sátiras, VI, 602-609.
3. Séneca, Lucio Anneo. De ira, I, 15, 2.
4. Tertuliano, Quinto Septimio Florente. Apologeticum, IX, 16-17.
5. Suetonio, Cayo Tranquilo. Vida de los doce césares, Augusto, 65, 4.
6. Cid López, Rosa María (2019). «La Columna Lactaria, las nutrices y la expositio infantil. Lactantes y pietas en la ciudad de Roma». Dialogues d'histoire ancienne, suplemento 19, pp. 149-169.
7. Harris, William V. (1994). «Child-Exposure in the Roman Empire». The Journal of Roman Studies, 84, pp. 1-22.
8. Corbier, Mireille (2001). «Child Exposure and Abandonment». En Suzanne Dixon (ed.), Childhood, Class and Kin in the Roman World. Londres-Nueva York: Routledge, pp. 52-73.
9. Boswell, John (1988). The Kindness of Strangers: The Abandonment of Children in Western Europe from Late Antiquity to the Renaissance. Nueva York: Pantheon Books.
10. Richardson, Lawrence, Jr. (1992). A New Topographical Dictionary of Ancient Rome. Baltimore-Londres: Johns Hopkins University Press.